Promover la inteligencia emocional en los niños

Promover la inteligencia emocional en los niños

En el ámbito familiar es vital la importancia que se le debe dar al desarrollo de la inteligencia emocional de los hijos, y este tema cada vez despierta más interés no solo por parte de los padres, sino también en el área académica hasta haber llegado a también a las empresas, por lo que actualmente existen más herramientas que permiten favorecer y facilitar esta facultad de los niños siendo parte de su formación integral como seres humanos.

La inteligencia emocional es la capacidad de conocer, discriminar y gestionar las emociones propias y ajenas, e integrar ese conocimiento en el nivel de pensamiento y conducta, y esto se puede educar y potenciar, incorporándolo través de la observación de las pautas del entorno, siendo los adultos el mayor ejemplo para ello.

La inteligencia emocional es un concepto que surgió durante los años 90 en el ámbito académico y de investigación y supone ir más allá del cociente intelectual, proponiendo una nueva noción sobre los ingredientes fundamentales para el éxito en la vida de cada persona.

Estudios han demostrado que la presencia de una serie de competencias emocionales y sociales predice un mejor desempeño de la persona en indicadores objetivos como mejores calificaciones y mejor rendimiento en las actividades desempeñadas, y posteriormente mejor categoría laboral, actitudes de liderazgo y orientación, y en general el bienestar y la satisfacción con la vida, la sensación de control y la capacidad de desarrollarse integralmente.

Entonces está comprobado que las personas con el mismo o similar cociente intelectual, aquellas que tengan mayores puntuaciones en los indicadores de inteligencia emocional estarán más capacitadas para vivir la vida que quieren vivir, dependiendo de sus aspiraciones y motivaciones, pero naturalmente gozan de una salud comparativamente mejor.

Álvaro Bilbao, neuropsicólogo y autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres, declara que “si crece como una persona inteligente, con un buen trabajo, una casa, una pareja, pero no tiene autoestima, todo lo demás no importa, porque no va a ser capaz de disfrutarlo”.

Es importante resaltar que la inteligencia emocional se desarrolla en todos los niños desde las etapas más tempranas, ya que, siendo seres sociales, se nace en un entorno y en un vínculo con las personas encargadas de la crianza.

Entonces las palabras, las miradas, las canciones, los abrazos, las caricias, etc., va configurando el mundo emocional y vincular del bebé, y satisfacer esas necesidades afectivas es tan importante como las necesidades puramente fisiológicas.

Se entiende que se debe considerar a cada bebé como un ser único, con sus propias preferencias, gustos y necesidades. Es por ello que en todo momento se mantiene la inteligencia emocional como algo constante, incluso antes de que nazcan.

Para poder potenciar la inteligencia emocional de los hijos, se requiere de una serie de pasos. En primer lugar, se debe desarrollar la competencia emocional en el adulto, teniendo en cuenta que un niño podrá desarrollar su inteligencia emocional a través de la empatía que encuentra en su relación con adultos que reconocen sus emociones y saben manejarlas.

La conducta de los adultos es un ejemplo para los niños y modela continuamente a los hijos, por ello se debe estar al tanto sobre qué es lo que se les está reflejando, entonces en el caso de un niño que tiene problemas de apego a objetos, acciones o personas está claro que ha creado cierta dependencia, lo cual no le permitirá posiblemente alcanzar metas o realizar sueños por sí mismo.

Entonces tomando este ejemplo, habría que considerar evaluar cómo los adultos manejan o los cierres, las despedidas o los duelos, de modo que se pueda encontrar la razón por la cual el niño no cuenta con la madurez para desapegarse y actuar por su cuenta. Esto permitirá saber cómo se relacionan las acciones cuando están involucradas las emociones, y cómo poder manejarlas, por lo que observar aquello que le cuesta a un niño es una buena oportunidad para explorar a los adultos a su cargo.

El psicólogo Carl Jung fue quien dijo que “nada tiene una influencia psicológica más poderosa sobre el entorno y especialmente sobre los hijos que la vida no vivida de los padres”.

Lo mismo sucede en los equipos de trabajo, ya que los verdaderos líderes son extraordinariamente competentes emocionalmente, logrando extraer el máximo potencial de cada miembro y son capaces de aumentar exponencialmente los resultados globales.

Hay muchos materiales y juegos que pretenden ayudar al niño a identificar y poner nombre a lo que siente y percibe. La idea es ayudarle a contactar con su mundo interno, y que pueda manejar y optimizar sus pensamientos, emociones e impulsos, así como también observarlos en los demás.

Algo que también ayuda bastante a un niño, es encontrar un momento al final del día donde pueda reflexionar sobre su día, sobre lo bueno que le ha sucedido, sobre alguien a quien haya ayudado, y algo que quisiera mejorar de sí mismo. La idea es que sea capaz de identificarse y nombrar sus propias experiencias, al tiempo que escucha y observa lo que le ha pasado a quienes forman parte de su entorno.

De esta forma podrá fortalecer su identidad y autoconocimiento, facilitando que conecte con su valor, capacidades, empatía y la seguridad de intervenir en el entorno, es decir, sus deseos de lograr metas y cambiar el mundo. De igual forma al crearse esta relación segura consigo mismos, los niños tendrán la confianza de poder compartir con sus padres todo aquello que les preocupa o inquieta.

De esta forma logramos fortalecer su identidad y autoconocimiento, facilitamos que conecte con su valor y capacidades, favorecemos su empatía, y permitimos que adquiera seguridad y capacidad de intervenir en el entorno (cambiar y mejorar el mundo). Y por supuesto creamos una relación segura y de confianza, en la que el niño siente que puede compartir con nosotros aquello que le preocupa o le inquieta.

Finalmente es importante promover una gestión del sistema basado en la Educación Emocional, ya sea en la familia, en el aula o en un equipo de trabajo, estos conceptos deben perdurar entre todos los que forman parte del entorno, no siempre los adultos podrán tener las respuestas y una buena comunicación permite un mejor funcionamiento de todo el sistema.

Los niños nunca dejan de enseñar a los adultos, y siempre es un buen momento para empezar de nuevo, reaprender, descubrir.

 

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Fuente del artículo Divercity:
Gestionando Hijos

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