La importancia de sembrar autonomía en los niños

La importancia de sembrar autonomía en los niños

En la actualidad lamentablemente muchas instituciones educativas y los profesionales encargados de educar, se han dedicado a transmitir conocimientos absolutos, y no dedican su tiempo a promover más el pensamiento de los niños y jóvenes. Ya todo se enseña de forma tan accesible y sencilla que no se les motiva a que sean capaces de sacar sus conclusiones en base a un juicio y criterio propio.

Una vieja anécdota que puede explicar bien lo que sucede es la del maestro que contaba sus estudiantes una parábola al finalizar cada clase, pero nunca explicaba el mensaje final. A cuenta de esto un estudiante incómodo exigió que se les explicara cual era el mensaje que se supone que la parábola dejaba. Ante esto el maestro simplemente le ofreció fruta al alumno, cortada y masticada, por supuesto que el alumno no quiso.

Esto es lo que sucede ahora, muchos maestros y padres piensan que es mejor darles a los niños las frutas perfectamente cortadas y masticadas, lo cual no motiva para nada el hecho de que quieran usar su propio intelecto para descubrir o aprender por si solos las cosas.

Algo que también es preocupante, es que todos los seres humanos tienden a reproducir las pautas educativas y los padres que han crecido educados bajo este esquema, repiten lo mismo con sus hijos en casa sin saber que posiblemente no sea lo mejor para entrenar a una persona competente.

Sin embargo, enseñarle a un niño a creer a ciegas en supuestas verdades sin cuestionarlas, enseñarles lo que deben pensar implica arrebatarles una de sus capacidades más valiosas: la capacidad para autodeterminarse. Se está dejando de lado que educar no es crear sino ayudar a los niños a crearse a sí mismos.

La autodeterminación es la garantía de que, sea la decisión que se tome, cada uno es protagonista de su propia vida. Es posible caer en equivocaciones, de hecho, sucede todo el tiempo y es necesario, porque asís e aprende del error y se sigue adelante, haciendo cada vez más rico el cúmulo de experiencias y herramientas para la vida.

Desde el punto de vista cognitivo, no existe nada más desafiante que los problemas y los errores ya que estos no solo demandan esfuerzo sino también un proceso de cambio o adaptación. Cuando una persona se enfrenta a un problema se ponen en marcha todos los recursos cognitivos y, a menudo, esa solución implica una reorganización del esquema mental.

Por eso, si en vez de darles verdades absolutas a los niños, se les deben plantear desafíos para que piensen, y así potenciar su capacidad para observar, reflexionar y tomar decisiones. Si se les enseña a los niños a aceptar sin pensar, esa información no será significativa, no producirá un cambio importante en su cerebro, sino que simplemente se almacenará en algún lugar de su memoria, donde poco a poco se irá difuminando.

Cuando se buscan soluciones para un problema o se intenta comprender donde hubo una equivocación, se produce una restauración que da lugar al crecimiento, entonces cuando los niños se acostumbran a pensar, a cuestionar la realidad, y buscar soluciones, comienzan a confiar en sus capacidades y enfrentan la vida con mayor seguridad y menos miedos.

Los niños deben encontrar su propia manera de hacer las cosas, deben conferirle sentido a su mundo e ir formando su núcleo de valores. Esto se logra ofreciendo más motivación a los jóvenes, como cierto grado de competencia, de manera que la tarea no genere una frustración y una ansiedad exageradas.

También se les debe dejar disfrutar de cierto grado de autonomía, de manera que podan buscar nuevas soluciones e implementarlas, sintiendo que tenemos el control, así como mantener una interacción con los demás, para sentirse apoyados y conectados. Nunca será sano el resolverles todo en sus vidas.

 

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Fuente del artículo de Divercity:
Rincon de la Psicología

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